Caen tus brazos agotados mientras susurro a tu oído
leves palabras que se antojan y acomodan en tus labios.
El cuello perlado de blanco, blanco tiznando en mis manos,
al compás de la caricia que las tuyas invitan a su tacto.
Tensa la espalda donde escondo mis deseos y suspiros,
espera el momento donde la ola apacigüe y dibuje el idilio.
Encadenados los lazos que nos unen en el ser y en el amor,
rendidos los dos, sabios y ricos en el placer encontrado.
Amanece al albor de la piel desnuda de cuerpos dormidos,
fiel mirada al recuerdo del instante que nunca tendrá olvido.





