La primera vez que te vi, mujer,
recortaba el sol poniente tu silueta.
A orillas de otras playas lejanas a mi paisaje
tus pies buscaban alivio recortando mar y playa.
Un brote de canícula en tus ojos
me hablaban de tus sentimientos callados, no aliviados.
Así enfilamos nuestros pasados.
Como cada noche esperas,
la luna marcará un camino que te atrapa.
Un hilo de plata sobre el mar.
Como cada noche fijarás tu mirada en la luna blanca,
donde nace el cabo de tus esperanzas, y,
hasta tus pies un hilo de plata.
Emprendes pasos a este horizonte oscuro,
en cada avance la mar te va cubriendo.
Sus aguas en tus rodillas, sonríes segura,
tus caderas y vientre, tu vello se eriza,
tus pechos sienten ahora lo gélido del instante,
el agua cubre tu boca, callada.
Cierras los ojos, es tan solo un instante,
tus cabellos flotan sobre la inmensa calma del mar.
No quedan escenas de ti en la noche,
una sola burbuja eclosiona y desaparece.
Conocedor de tu sueño,
tiendo mi escalera al fondo del mar,
desciendo por ella como cada noche, como un ritual.
Beso tus labios y te devuelvo la consciencia,
abres tus ojos cansados, sonríes bajo el mar.
Entre mis brazos ascendemos.
Te cubro toda la noche, abrazados,
soy tu abrigo en la húmeda madrugada.
Antes de ver el sol nuestros cuerpos unidos,
marcharé, que yo no pertenezco aún a este lugar.
Mañana, otra vez mañana,
buscarás tu camino de plata,
yo aguardaré velando nuestra resaca.
Tu encuentras en mi la esperanza futura,
yo en ti mi presente esperanzado.
Cuando unamos presente y futuro,
el sol sabrá de nosotros,
y la luna dormirá en nuestra playa.
Lo común de este sueño el amor encontrado.
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