
La Luna acompaña el compas,
la música, la noche, tu y yo,
leves movimientos hasta el final.
Entrelazamos los dedos de las manos,
suaves, firmes, encadenadas al deseo,
que transmiten su frágil tacto.
Enamora mi mano tu cintura,
tu mano acaricia mi cuello,
nos sentimos libres para soñar.
Nuestras mejillas se funden en una,
saborean los aromas de la piel,
los respiramos y llenan de dudas.
Rozamos inconscientes los pechos,
se buscan y laten los corazones,
en mil pasiones ahora inmersos.
Terminan las notas, rompen las cadenas,
nuestros ojos se cruzan y miran,
en ellos queda escrito el deseo de amar.